Aun recuerdo el primer año que me saludaron por el día del periodista, nunca imagine que lo harían, el profesor Carlos me estrechó la mano y con una sonrisa en el rostro me aseguro que el destino de los periodistas es no perder la perseverancia y la creatividad, que con el tiempo se vería si aun podrían generar eso que muchos llaman honestidad. Me quedo esa enseñanza y otras más que ahora no recuerdo, pero aquel día si lo recordé.
Me acuerdo cuando salude a mis amigos que eran también conmigo periodistas, universitarios, pero que estaban con el carnet en mano y con sus palabras transmitían los informes del diario. Lo digo y manifiesto, REDACCION (el diario universitario en el que escribía) fue mi cuna y Martin, Patty, José, Telmo, Sandra, Rosario, Vanessa, Gustavo, Oscar, Valerie, Daniel, Jean Carlo, Alejandro y muchos chicos mas fueron lo que trajeron a mi vida una enseñanza especial a lo que es mi carrera.
Hoy es día del periodista aquí en Perú, y a pesar que me he retirado de aquella profesión por necesidad me siento en la necesidad no solo de saludar sino también de homenajear, y que mejor que contando una historia que hasta ahora al verla reflejada en papel se dibuja una sonrisa en mi rostro.
Hace un tiempo visite esas oficinas donde está el periódico y vi a otro grupo de redactores trabajando, me miraron extrañados y les dije que solamente quería ver el lugar, vi las maquinas donde nos sentábamos a redactar escuchando música o donde Martin y José jugaban nintendo siempre minimizando la pantalla al paso de alguien importante.
La impresora nuevamente abandonada y con el letrero de “Malogrado” puesto allí, recordando esos tiempos cuando queríamos imprimir nuestros trabajos y lo que nos tomarían en algún examen o practica.
Los muebles que ahora estaban ordenados y que se desarreglaban las veces que Gustavo y Oscar se correteaban molestándose uno al otro con respecto a sus gustos y demás temas, las ventanas de dibujo abiertas en las maquinas y donde Telmo creaba sus mejores afiches publicitarios; la ventana que daba hacia el campus y donde tantas veces observaba el ambiente intentando encontrar una historia más que crear y escribir.
Las veces que todos nos escapábamos para no presentar o corregir la nota o cuando nos quedábamos hasta tarde con el fin de acabar finalmente con la nota, e incluso ir a ver al profesor Salinas para confirmar que foto iría con lo que escribimos.
En fin, diversas historias que me faltaría espacio para contar pero todas con un buen recuerdo, con un agradecimiento a cada uno de sus protagonistas. Quizás no sea periodista en este momento, pero me sumo a saco de ellos, y siempre esperando volver, pero ahora como un redactor enserio, en un diario de prestigio y como siempre agradecido por las enseñanzas de cada persona que conocí.